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miércoles, 4 de mayo de 2011

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Las dos mejores noticias del año



Ingleses, franceses y mexicanos, una sopa de letras que no tiene precisamente el mejor sabor del mundo, pues peleas, humillaciones y una que otra declaración ridícula son las palabras que se forman al revolver la comida con una cuchara.

Los ingleses siempre tirando groserías contra los mexicanos, sin ver que somos un país con mucha más garra de la que ellos siempre tendrán, conquistadores ridículos que día a día tienen que reconocer que uno de esos seres perezosos los supera en su liga, pues el Chicharito tiene muchos más goles que Rooney, incluso nuestra oveja negra Carlos Vela tiene los mismos goles que los orgullos Steven Gerard o John Terry.

Más vergonzosa resulta la situación en la que los galos se enfrascan con México, demostrando su inferioridad cultural frente a los aztecas, pues como si la derrota en el mundial no les bastara, ahora se van con una nueva derrota a sus casas, pues Florence Cassez pasará mucho tiempo siendo la joya de la corona del sistema político mexicano.

En México, tenemos mucho de donde ofendernos, pero también de que sentirnos orgullosos, pues ante los intentos de atacar la soberanía por parte de esos dos grupos de enemigos, nuestro sentimiento patriota se mostró muy enaltecido ante las victorias frente a los invasores.

Así, como en el himno nacional mexicano dijera “Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”, y dichos soldados fuimos todos, los que con nuestra indignación ganamos el enfrentamiento ante unos conductores ignorante de México que sumados a un país sumido a la tiranía de un gobernante, no pudieron contra el fervor mexicano.

El niño que vivió

Duele aceptar, que después de diez años, he sufrido una serie de cambios en mi percepción de las noticias, admito, que alguna vez fui de los niños que no dormían porque Orlando Magaña podía estar en cualquier lugar, incluso debajo de mi cama, esperando a que yo me asomara para matarme y llevarme a un inframundo digno del animé japonés.

Orlando Magaña fue una figura que me inspiró más miedo que la posibilidad de que Majin Boo me asesinara en su invasión al mundo, aunque menos que el suceso de que eso el payaso me saliera entre las rejillas de la coladera mi baño, al fin y al cabo, era un niño que se asustaba fácilmente.

Años después, mi criterio, al igual que el de muchos de mis lectores, evolucionó de una manera considerable, ahora mi visión de los villanos ha cambiado, Orlando Magaña se convirtió en un asesino común y corriente comparado con los culpables de las decapitaciones diarias.

Ahora, los problemas que se llevan mi imaginación no son tan fantásticos, y pongo a juicio los Kalimbazos, pero me resulta de indignación saber lo que le pasó a Carmen Aristegui, una colega que no conozco, pero admito que la admiro, por su forma de haber dicho las cosas.

Pienso, que estamos frente al momento, donde todos debemos alzar la voz, y pedir que no se repitan injusticias, donde una voz que generalizaba todas las nuestras problemáticas, tuvo que salir por causas injustificadas, quitándonos de manera arbitraria el derecho a la libertad de expresión en la que muchos coincidíamos.

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