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miércoles, 4 de mayo de 2011

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La lucha por la Libertad de Expresión.



Artículo Editorial.

Quien se hubiera imaginado que los fuera de lugar ya no se aplican solamente en el fútbol, pues ahora hasta a los periodistas más reconocidos le tocó a Carmen Aristegui por abrir la boca de más.

Así, lo que fueron unas declaraciones tomadas como fuera de lugar por parte de los implicados, terminaron siendo el detonante de un creciente malestar social que hace recordar viejos presagios.

Pensar en que el derrumbe del prestigio de una comunicadora que hasta el momento había sido más que destacado iniciaría con las declaraciones acerca del presidente terminaron siendo parte de su caída.

Convertir a la periodista en una mujer mártir tampoco es que sea algo que deba suceder, pues en sus declaraciones hay un grave error de hecho imperdonable para una líder de opinión.

Es por esto que los culpables de la situación no son tanto los que están detrás del humo negro, sino la propia Carmen Aristegui por darle la pistola para matarla a sus jefes, todo ésto en un sentido metafórico.

Callar a Carmen es una acción de tal magnitud que se puede tomar como un intento de intervención ajena en los medios de comunicación, algo que ya había desaparecido.

Es un regreso al pasado, donde los periodistas que se atrevían a usar su voz eran callados de distintas maneras, la vida, la muerte, el dolor, o el simple hecho de tener que seguir con un desgastado sistema, algo similar a lo que Carmen sufre.

Ahora los medios se convierten en una red de intereses, que se mueven por si mismos ante el miedo de perder su mercado por la posibilidad de ser víctimas de represalias.

Podrá ser ésto un indicio del regreso del poder del gobierno sobre las decisiones, o es que acaso Calderón seguirá con la estela dejada por sus antecesores priistas donde solo el yo absoluto importaba.

Carmen Aristegui nos podría remontar al antecedente donde los prisioneros políticos de los setenta años del PRI, eran todos aquellos que se atrevían a alzar su voz se les tenía que encarcelar.

Será que era necesaria esa declaración de Aristegui la convierte en una nueva víctima más del sistema, donde los que hablan callan.

La frase en contra de Calderón no deja de parecer tonta, ya que parece una provocación para llamar la atención, para iniciar una cortina de humo junto a un nuevo caos social.

Será que la provocación venga de la mano de muchos otros hechos que se desencadenen con los periodistas como tristes protagonistas de una historia de injusticia.

Puede, que aquí se encuentre la tapadera del asunto, el humo negro, exigir una libertad transgrediendo la ley que la prohíbe puede ser el único camino para llegar a ella.

Finalmente una reflexión histórica sería que Victoriano Huerta en el pasado, hizo algo parecido, al arrancarle la lengua al primer incauto que se atrevió a hablarle fuerte frente a él.

Artículo de Fondo

Numerosas son las discusiones que se llevan a cabo dentro de la cámara de diputados, pero dentro de todas hay una que llama la atención de la opinión pública, ésta es la ley de despenalización de la difamación.

Dicha ley sería una protección a los derechos del comunicador, quien generalmente se ve desprotegido antes la ley a la hora de cometer el acto difamatorio en cuestión.

El caso de Carmen Aristegui es un ejemplo donde se ve lo desprotegidos que estamos los miembros de la profesión de comunicación, pues ejercer tal responsabilidad puede corromper la información.

Algo así sucede con esta comunicadora, quien se atrevió a dar una noticia que en vez de contar con un sustento detrás de ella, contaba con declaraciones infundadas en contra de Felipe Calderón.

La imagen que el presidente se había creado de él a través de sus acciones empezó a caer de una forma increíble al verse acorralado por el hecho de ser un borracho a la hora de tomar decisiones.

Todo ésto por la noticia difundida por la comunicadora acerca de una manta, de la cual no habló solamente ella, pues muchos otros periodistas la mencionaron en el medio.

Tales declaraciones generaron diversos puntos de vista, algunos a favor y otros en contra, lo que sí, es que fue un tema que ocupó la primera plana de los periódicos durante muchos días.

Lo más destacable, podría ser el hecho de la forma en que lo mostró, pues también es cierto que Aristegui no fue la única persona que dio a conocer la noticia como uno de sus críticos dijo.

Ético o no, lo cierto es que el motivo oficial del despido no fue otro que la supuesta transgresión a la ética que MVS argumentó en su comunicado oficial alrededor de la noticia.

Para muchos de los defensores este argumento no es más que la tapadera del medio en cuestión para limpiarse las manos de cubrir una de las cortinas de humo más preocupantes de los últimos años.

Varios medios se han escandalizado por la posibilidad de que el despido sea el presagio del regreso del silencio impuesto a los medios por parte del gobierno que hubo durante muchos años.

Así, varias personas se han unido a las voces que piden el regreso de la periodista al medio, pues una voz fue callada de manera impertinente, de una forma muy notoria.

Las dos caras de la moneda podrían ser el político Andrés Manuel López Obrador quien defiende el regreso, y el comunicador Pedro Ferriz quien ve en todo ésto un intento de llamar la atención.

Sea el caso de Carmen Aristegui un intento o no de llamar la atención, y su posible regreso suene utópico, lo cierto es que tiene mucho que ver la situación con la ley de difamación.

Es acaso un antecedente previo a la apertura a una nueva libertad, será la mujer mártir de los comunicólogos en la era moderna, todo quedará en los diputados y su decisión.

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