Querer ser el candidato de la gente pensante no es el mejor camino para llegar a ser gobernador en Guerrero, al menos, esto será demostrado en las próximas elecciones por el candidato Marcos Parra, quien de poco le van a ayudar sus propuestas.
Quizás, un proyecto bastante más realista que el de sus competidores sea el culpable de que en un estado donde cuentan más unas sandalias que un proyecto de desarrollo, donde la democracia debería ser elitista.
Y es que no se puede evitar repudiar a la gente que espera que les lleguen a dar todo en la mano, quienes son culpables que al final de cada sexenio decenas de promesas queden en eso, promesas, que nunca se cumplieron.
Un pueblo creador de políticos fallidos, quienes entre sus víctimas se encuentran las personas que no elijen a ciertos candidatos por no decirles lo que desean escuchar, el pecado es decir la verdad y nada más que la verdad.
No pretendo poner a Marcos Parra como la luz salvadora entre los tres candidatos, pues puede que él mismo acepte ese rol que Guerrero le ha dado, el de candidato de relleno que se va a inflar las bolsas del dinero para publicidad.
Dicho ésto, no le quita que su discurso sea el más convincente en una pugna donde dos primos se pelean el trono presidencial, como si de un partido de fútbol entre chivistas y americanistas se tratara, y al igual que en el deporte, el ganador no le va a beneficiar en nada a esos aficionados que gritan los nombres de sus jugadores sin que éstos los volteen a ver.
Puede que la idea de construir más escuelas sea mejor que la de dar útiles, o que dar fertilizante sea peor que promover la recolección, como sea, Guerrero prefiere fiestas de quince años en la montaña como cobro de los seis años que anteriormente sufrió.
Lo que ni Parra, ni Aguirre, ni mucho menos Añorve prometen, es la solución a todo el problema, formar individuos críticos, para que en las próximas elecciones, tal vez, la historia que va a escribirse, no se repita.
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